“Historia de los Ex Libris”
La primera marca de la que se tiene conocimiento como antecedente histórico de los ex libris es una pequeña placa de barro cocido y esmaltada en azul, con inscripciones jeroglíficas, que se conserva en el Museo Británico de Londres y que pertenecía al faraón Amenofis III (s. XV a.C). Figuraba como distintivo de posesión y se insertaba en las cajas de rollos de papiro pertenecientes al faraón. También los escribas mesopotámicos hacían constar al final de una obra además del titulo, la fecha y el nombre del copista, el nombre del propietario.
Durante la Edad Media los ex libris fueron inscripciones manuscritas hechas por monjes calígrafos en códices, biblias, beatos, libros de horas, o bien libros de caballería, feudos, privilegios etc., que aseguraban y garantizaban la propiedad de las obras. No obstante, no es hasta la invención de la imprenta en 1440, cuando se produce el auténtico inicio del ex libris tal y como hoy lo concebimos. Al poder multiplicarse las ediciones de libros es, tal como dice una de las mejores definiciones del tema “cuando se adapta el procedimiento tipográfico y el mismo xilográfico primitivo a la producción de etiquetas o estampas susceptibles de ser adheridas a la parte interna de las encuadernaciones o a las primeras hojas de los libros; siendo esta la forma por excelencia de la marca de posesión del libro”. En esta primera etapa del ex libris el tema que predomina es el heráldico hasta que en el siglo XVIII es paulatinamente sustituido por el alegórico. Las técnicas empleadas van desde la xilografía durante los siglos XV y XVI, o la calcografía en los siglos XVII y XVIII hasta la litografía, serigrafía y fotograbado del siglo XIX. La producción de ex libris durante este periodo es más bien escasa hasta llegar a finales del siglo XIX y comienzos del XX cuando se produce un auténtico auge del ex libris coincidiendo con el Modernismo o Arte Nuevo y favorecido por la Revolución Industrial.
El desenvolvimiento económico hizo que la cultura dejara de ser patrimonio exclusivo de la nobleza y el clero, y la pomposa heráldica que era el motivo principal de los ex libris fue sustituida por motivos alegóricos relacionados con las profesiones, aficiones o simples preferencias de los nuevos propietarios de bibliotecas de la nueva burguesía. Alrededor de 1900 se inician las primeras asociaciones, nace la figura del coleccionista, auténtico vertebrador del exlibrismo durante todo el siglo XX, se publican libros y revistas especializadas, se celebran congresos y exposiciones y el cultivo de esta actividad pasa a manos de artistas que elevan el nivel de calidad de las técnicas tradicionales de grabado. Desde entonces el ex libris, que en sus principios se utilizaba solamente para proclamar la pertenencia de un libro, se convierte en un vehículo de expresión estética siguiendo un itinerario evolutivo hasta alcanzar categoría de auténticas obras de arte en miniatura, objetos de colección e intercambio a nivel internacional.
